El elefante Zimbawe, nuevo inquilino de la Hacienda Nápoles

(Foto: Viajeros del Sur) (Foto: Viajeros del Sur)

Arrojándole agua con el moco a dos anfitrionas de su especie, Rany y Junior, el joven elefante Zimbawe, pasó los primeros minutos de su estancia en la Hacienda Nápoles, en Doradal, su nuevo hogar.

Procedente del zoológico de Pereira, el paquidermo soportó relativamente tranquilo las 14 horas de viaje entre los dos lugares, en una ruta que incluyó el Alto de La Línea.

De acuerdo con Sandra Correa, gerente del bioparque Ukumarí, en Pereira, quien coordinó las labores de traslado, este se realizó con altos protocolos de seguridad para el animal y para los habitantes de las poblaciones por donde pasó. Ella celebra que el paquidermo haya llegado a la Hacienda Nápoles, un santuario de fauna donde gozará de más espacio, amplias praderas y lago y, lo que más le agrada, que tenga por compañía a dos elefantas con las que, quizá, pueda aparearse.

El transporte del animal, cuyos ancestros son originarios de África aunque él nació en cautiverio en el Zoológico Matecaña, se preparó durante meses, para que el ejemplar se adaptara a ese contenedor metálico. Un veterinario, Jorge Caro, estuvo pendiente de la alimentación y el cuidado. El Ejército Nacional, con algunos uniformados, atento al tema del tráfico, abriendo paso, cerrando vías temporalmente, para que el animal sufriera lo menos posible con el pare y arranque continuo, que pudiera ponerlo más nervioso.

“Toda esa logística y cuidado en el transporte —explicó Correa— es lo que llamamos operación Arca de Noé”.

Por su parte, Óscar Jairo Osorio, gerente de Hacienda Nápoles, manifestó su alegría por la llegada del paquidermo y confía en que se conseguirá, con el tiempo, la reproducción de los elefantes para conformar una manada.

Con apenas nueve años de edad y nacido en la Perla del Otún, Zimbawe pesa 3.000 kilogramos y mide tres metros de altura. La mayor de las elefantas de la Hacienda, Rany, le devolvió las atenciones al recién llegado con potentes chorros de agua. Y no se crea que se estaban saludando: estaban diciéndose mutuamente, a su modo: “quien manda aquí soy yo”.

El personal de expertos y los empleados del santuario de fauna coincidieron en afirmar que el elefante llegó tranquilo y pacífico. Otros pueden reaccionar de manera brusca.

Es una pradera separada de la de las dos hembras, pero sin obstáculos visuales, Zimbawe caminó bajo las ceibas y, media hora después de abandonar el cajón metálico en el que estuvo encerrado por 24 horas —si se suman a las del viaje, las que permaneció desde la noche del martes hasta la mañana del miércoles en su lugar de destino, pues no podían sacarlo en la oscuridad de la noche— se le vio comiendo heno y jugando a resbalarse en el pantano.

 

Fuente: El Colombiano.

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