Un viaje en metro entre voces y versos de poetas

(Foto: Mateo García) (Foto: Mateo García)

Mientras la mano derecha estaba apoyada en una de las barandas del vagón, con la izquierda, Wilfredo Dorador sostenía fuertemente el libro del que leía la poesía que estaba declamando.

Cuando se presentó a los viajeros, de una manera muy pasional y con mucho sentimiento, dijo que era del pueblo minero, de la tierra de Víctor Jara, de Violeta Parra y de Pablo Neruda. Entonces comenzó a declamar.

El poeta chileno no dudó en dedicar unos versos a la ciudad: “Medellín es la plenitud del pueblo paisa, es la ciudad del amor y de las flores”. Cuando terminó, se llevó los aplausos de todos los pasajeros.

Hacia las 9:30 de la mañana de ayer, la poesía se tomó el metro de Medellín. Poetas de diferentes lugares del mundo abordaron dos vagones, uno hacia el sur y otro hacia el norte. El punto de encuentro fue la estación Parque Berrío.

Cuando los poetas ingresaron al tren, que se dirigía al sur de la ciudad, las personas notaron que había algo extraño en ese grupo. Sabían que no eran pasajeros y la curiosidad aumentó cuando Hermilda Chavarría presentó al grupo.

Se trataba del Tercer Congreso Internacional de Literatura por la Identidad de los Pueblos y la Paz que encontró en el metro un espacio cultural para compartir poemas.

La primera en declamar fue la israelí Dorit Weisman, que lo hizo en su idioma. Aunque nadie le entendió, el vagón estalló en aplausos. Cuando ella terminó, un niño que llevaba puesto un uniforme de colegio, se acercó y le preguntó que de dónde era. Ella no le pudo responder, y en un español muy básico se disculpó con el niño y le dijo que no hablaba español.

El niño siguió escuchando atentamente a los demás poetas, que uno por uno se hicieron en medio del vagón y con un pequeño amplificador compartían sus poemas.

Las personas interrumpieron lo que estaban haciendo. Se quitaron los audífonos, terminaron la conversación, y guardaron el libro que estaban leyendo.

Todos se unieron a la actividad y dieron la importancia que los invitados merecían. Incluso, varios se atrevieron a pedir fotos a los autores.

Cada vez que alguien se bajaba del metro, agradecía a los poetas, que repartían algunos de sus escritos, y separadores entre los pasajeros.

La voz del metro acompañaba cada verso. Se combinaba el “próxima estación”, con un poema de amor al billete de 50.000.

Y así se dio el recorrido, entre poemas de amor, a la vida, a la naturaleza, a la ciudad y al metro.Cuando se terminó el recorrido, en la estación La Estrella, no todos habían tenido la oportunidad de declamar. Una de los invitados aún aguardaba su turno para compartir sus versos en una ciudad que es de gran importancia para ella y para su familia.

Se trataba de Irene Gardes. Ella familiar de un poeta -para muchos- que murió en Medellín, considera que haber venido a la ciudad es un homenaje a Carlos Gardel.

Su padre era primo hermano del cantante argentino, “hace muchos años que quería conocer esta ciudad, como para que el alma de carlitos pueda descansar en paz, eso es algo que tenía en mi corazón y mi abuelito también”, expresó.

Irene declamó sus poemas en el tren que se dirigía al norte, cuando el grupo regresaba. La idea era terminar en la estación Parque Berrío, pero el recital se extendió.

Había tanta pasión que se fue un par de estaciones más.

 

 

Fuente: www.eltiempo.com

 

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