En granjas buscan rehabilitar a los habitantes de calle

(Foto: ecoescuelamutualitos.blogspot.com.co) (Foto: ecoescuelamutualitos.blogspot.com.co)

El proyecto, que tiene una inversión de $290 millones mensuales, brinda capacitación para el trabajo.

En una granja donde el ruido de la ciudad y el ajetreo diario no alcanzan a llegar, más de 50 exhabitantes de calle se recuperan desde hace dos meses de la drogadicción e invierten su tiempo en la siembra de hortalizas y el cuidado de los animales.

En el lugar, que fue inaugurado por la Alcaldía hace dos semanas, pretenden hacer frente a una problemática de salud pública que ha trascendido los límites sociales y ha provocado situaciones de violencia e inseguridad en tres zonas representativas: la avenida de Greiff, la plaza Minorista y el eje del río Medellín.

Esta situación se hizo visible cuando durante el 2013 y el 2014 se desmantelaron 73 ollas y plazas de expendios y se adelantaron 37 procesos de extinción en el sector de Barbacoas, en pleno centro de la capital paisa.

De estos lugares de consumo y tráfico de estupefacientes salieron no solo jíbaros, sino también personas adictas, sin lazos afectivos y sociales, que comenzaron a deambular por el centro, a tomarse las calles y a reunirse en pequeñas ciudadelas que se iban desplazando, según las autoridades lo permitieran.

Alejandro Gracias Monsalve, que ahora vive en la granja Somos Gente fue una de estas personas. En la calle, debajo de los puentes, buscando la dosis de drogas diaria, en la soledad y la violencia de la ciudad, este joven pasó casi 10 años de su vida, de su juventud.

“Lo más difícil es que usted nunca sabe qué va a comer hoy, en dónde va a dormir, qué hacer para conseguir el vicio. Yo un día me levanté en un puente cansado de todo y oliendo mal, con hable. Me vi en el reflejo de una vitrina y estaba mal, destruido. Desde ese día dejé la calle”, cuenta Gracias.

Ahora el joven de 27 años dedica su tiempo a recuperarse no solo de la drogadicción, sino también del miedo a ser excluido y marginado. Señala que la medicina más fuerte para la enfermedad ha sido la tranquilidad: ver crecer de a poco las legumbres de la huerta, recibir el saludo de los perros, visitar los chivos y gallinas.

Todo esto, la naturaleza, el aire fresco, la terapia diaria –dice Gracias– lo han ayudado en el proceso de recuperación. Ahora tiene horarios, se levanta a las 6:00 a. m., se baña y arregla, ayuda en la organización de las zonas comunes, después desayuna, va a la terapia de grupo y así comienza su día.

“Acá he podido terminar el colegio, estoy estudiando sistemas y contabilidad. También estudié primeros auxilios, manipulación de alimentos y ahora mi objetivo es volverme terapeuta ocupacional para salvar vidas de la drogadicción”, dice Gracia.

Jóvenes como Alejandro –cuenta Juan David Montoya, coordinador de la granja– ven en el lugar un espacio en donde pueden recuperarse a su ritmo, sin presiones sociales o la tentación de volver a las calles y seguir consumiendo drogas.

Para Montoya, el objetivo es que a través del juego, el arte, el baile y otras actividades lúdicas, los jóvenes saquen conclusiones de sus propias vidas, vean en retrospectiva la situación que pasaron en las calles y modifiquen sus hábitos nocivos y la tendencia a no seguir las reglas.

“Nosotros estamos convencidos de que la habitancia en calle no dependen solo del consumo de drogas, sino que tiene todo un contexto social, económico y cultural. Por eso es importante trabajar desde la integralidad”, dice el coordinador.

Igualmente, porque no pueden intervenir a una persona con problemas de drogadicción sin saber de su pasado, de los traumas que marcaron su niñez y de sus vínculos afectivos, contactan a sus padres, hermanos abuelos u otros familiares.

Pero, según Montoya, en esa búsqueda también se han dado cuenta de que muchas de sus familias no tienen recursos económicos, ni educación, viven en malas condiciones de vida, sus hábitos no son saludables y sus costumbres menos.

“Cuando nos damos cuenta de lo que sucede en el contexto social, empezamos un trabajo de educarlos a ellos y a sus familias. Pues hay padres o hermanos que están dispuestos a ayudarles, pero otros son más precavidos. Nosotros comenzamos un trabajo de afianzar la relación”, cuenta el experto.

En ese proceso también van inculcando la responsabilidad, el compromiso, el trabajo y la importancia de la educación. El objetivo, dice Montoya, es que salgan con herramientas para hacer, crear y ayudar a otros.

 

Fuente: El Tiempo. 

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