Un nuevo pacto social por el desarrollo del departamento del Quindío

(Foto: Crónica del Quindio) (Foto: Crónica del Quindio)

Nutrir de vida el  Plan de Desarrollo, En Defensa del Bien Común

La resolución N° 228, del 1° febrero del 2016, mediante la cual el gobernador convocó a la sociedad quindiana, a formular el Plan de Desarrollo, establece en el Artículo,  11  como uno de los objetivos del proceso participativo, la firma de un Pacto Social  por el Quindío,  “…para sacar avante el Plan, el Territorio y la sociedad”. El Artículo 12, más en detalle,   explica la idea: el Plan se nutrirá de vida mediante acuerdos de voluntades con los ciudadanos, las instituciones, las autoridades y el gobierno nacional. 

La finalidad será trabajar en las líneas que señale el Plan, en pos de resolver las crisis, reorientando los caminos del desarrollo, articulándose a las dinámicas regionales, nacionales y globales, entre otras estrategias. La idea es clara. No hay lugar a equívocos. 

La intención es lo mejor. El Plan En Defensa del Bien Común cobrará su propia dinámica en cuanto haya acuerdos, consensos y proyectos, donde se involucren y participen vivamente los actores sociales. La participación como tantas veces se ha reiterado será crucial. No hay otra forma de construir desarrollo.

A la vista hay interesantes iniciativas de trabajo colectivo  en el campo de la paz, la economía, la cultura, la educación, el ordenamiento y la integración territorial. Se abre la posibilidad entre el gobierno departamental, Armenia y varios municipios, de retomar el tema del embalse multipropósito, con las Empresas Públicas de Medellín,  luego del  desahucio del presidente Santos.        

El Desiderátum del 66

El pacto cívico-político de comienzos de los sesenta por la creación del Quindío fue  una fuerza potente que logró su cometido gracias al civismo, a  su composición pluralista, en términos sociales y políticos, lo mismo que a los muchos intereses, sensibilidades  y territorios que movió. Pero el proyecto se desvió, quedó a media marcha –lo hemos señalado–. Cumplió el cometido de la secesión y la independencia administrativa, únicamente.

Falló en las demás aspiraciones. El discurso de Ancízar López —el día de su posesión como primer gobernador— constituye  un excelente punto de observación para repasar el tema, y desde lo contemporáneo detectar y analizar los déficits: “Nos hemos cuidado de adecuar las estructuras a las realidades sociales, políticas, económicos, fiscales y culturales de nuestro pueblo para evitar la explosión burocrática, la dispersión de los recursos fiscales, el posible aprovechamiento político de las canonjías, la negligencia de la administración, la erosión de las responsabilidades administrativas y en fin, hemos procurado salirnos de la rutina que hoy entorpece y deprime los más ambiciosos programas de un gobierno”.  

Por lo que hoy somos, tenemos y esperamos, valga decir que poco se logró de este ambicioso desiderátum, surgido por los tiempos del ocaso de la Gran Violencia. Tampoco como lo expresó el político ese primero de julio del 66, se han conjurado los conflictos ni  fortalecido los municipios.

El departamento se ha mostrado incapaz de “responder con actos administrativos a los problemas de nuestra nueva comunidad departamental”. Políticas  equivocadas,  políticos  sin compromiso, el silencio y la apatía social. He ahí las causas del fracaso.   

Un nuevo pacto social

La decisión del Gobierno de convocar a la sociedad el 8 de agosto, en el centro cultural metropolitano de convenciones, a un nuevo Pacto Social por el Desarrollo, es una decisión inteligente y estratégica, para  llenar de vida al Plan 2016. No hay otro camino diferente que agrupar fuerzas, voluntades y proyectos que generen empatía para propiciar un gran movimiento regional.  

Pero además de la responsabilidad  especifica del Plan 2016, a  este gobierno  también le corresponde la tarea  histórica de reiniciar el proceso de construcción social del Quindío, pendiente desde hace varias décadas. Reiniciar significa liderar, convocar, agrupar-reagrupar, persuadir, pactar, dirigir, mantener, proteger. Y una vez que plasmó  la iniciativa en la resolución  228, es porque  tiene la visión, la convicción y la voluntad suficiente para “arrancar”, con todas las de la ley, y cumplir la aspiración social, insuflándole vida al Plan.   

Las perspectivas político-sociales tienden a mejorar. La paz será un magnífico telón de fondo para promover un nuevo Pacto. Pero ante todo la voluntad del gobierno de promover el cambio, de construir desarrollo, de construir futuro. Las condiciones son inmejorables. Hay que accionarlas, dinamizarlas con hechos.    

El plan es solo un instrumento

El desarrollo regional  no es solo un asunto de planes, estrategias, políticas y programas.  Es mucho más que esto, y más  que visiones,  misiones, objetivos, reuniones a granel, y  más que millones para financiarlo. Los planes hay que construirlos, formularlos,  en tanto instrumentos anticipatorios para enfrentar la realidad. Son decisiones tomadas  ojalá en colectivo, para evitar la improvisación e ir en la lógica de la razón, de la historia  y del bien común. Quien no planifica sucumbirá ante los vaivenes del azar.

El problema en el Quindío es que, por lo general, partimos de una concepción equivocada y reduccionista de la planeación. Asumimos que el culmen de la acción oficial  consiste en formular propuestas de desarrollo cada cuatro años, sancionarlas, promoverlas con bombos y platillos, y sanseacabó: las soluciones llegarán con el tiempo y con la magia del plan, sin que el gobernante tenga que ponerle  la cara a los problemas.           

Estamos inmensos en un océano de planes estériles, sin propósito, sin compromiso de nada ni de nadie. Planes que se apolillaron y volvieron  amarillos en las empolvadas   gavetas de los escritorios oficiales. No viene al caso hablar de ninguno en particular pero así es. Planes que nacieron asfixiados, fórmulas del sentido común expedidas por mandato de la ley para cumplir sus formalismos, al margen de las expectativas regionales. De nada sirve un instrumento técnicamente elaborado, si en la conciencia del gobernante no  asoma con luminosa claridad la idea de cumplir.   

El plan no lo es todo, es solo un medio, un instrumento. No es una varita mágica. Por años –en esta tierra de crudas realidades, paradojas y carencias– hemos formulado planes, sin que una mínima parte de sus prodigiosos contenidos  se vuelva realidad. Nada distinto al sabor amargo de la frustración y el desencanto ha quedado entre la alelada  muchedumbre.

El plan no basta en tanto supuesta acción milagrosa. Así como sintetiza  teorías y decisiones debe convocar también la fuerza del gobierno, de la sociedad y las instituciones para convertirse en propuesta de solución. El plan debe dar origen a lo que en la teoría del caos se denomina un atractor, o sea un punto de convergencia de nuevas fuerzas capaces de romper la inercia político-administrativa, y plantear caminos y posibilidades reales y fructíferas.

 

Fuente: Crónica del Quindio 

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