‘Ser payaso no es un chiste’: Pedro Zambrano y ‘Tongorito y sus Tongorines’

(Foto: Vanguardia Liberal) (Foto: Vanguardia Liberal)

La vida de Pedro Zambrano, ‘Tongorito’, el payasito más viejo de Santander y de Colombia, ha transcurrido entre tristezas y alegrías, pero siempre ha sabido hacer reír a miles de personas.

Lo suyo es regalar sonrisas sin límites. Este, un personaje que tiene el cariño de muchos y que hoy resalta la campaña cívica Bucaramanga sin límites.

Sonreír es lo mejor que sabe hacer Pedro Zambrano… Sonríe en la felicidad, pero también lo hace en las tristezas.

Sonríe porque esa es la vida que eligió, la de la nariz roja, maquillaje, sombreros, trajes de mil colores… La vida de payaso.

“Hola, soy Tongorito”, dice con voz temblorosa ese viejito bonachón, de estatura baja, cabello blanco, bigote ‘chaplinesco’ y la piel ya ajada por los años.

Pedro lleva 60 de sus 86 años regalando alegría. “Soy el payaso más viejo de Santander y de Colombia”, presume orgulloso este bumangués mientras deja escapar una risa pícara, sentado en el comedor de su humilde vivienda en el barrio Santa Cruz, en Girón.

Sobre la mesa, de una vieja cartera saca la ‘magia’: blanco de zinc, lápices y pintura roja.

El dedo índice comienza poco a poco a transformar su cara, un toque de pintura por aquí, otro por allá mientras hace muecas frente a un pequeño espejo… Y listo. En menos de diez minutos, Pedro deja de ser Pedro y se convierte en ‘Tongorito’.

De entre su memoria no tan lúcida saca recuerdos a retazos. “En esa época que yo me pinté por primera vez, supe que ese iba a ser mi maquillaje para siempre, porque cada payaso es excepcional, si es verdaderamente profesional, tiene el mismo maquillaje desde que empieza hasta que muere, eso es lo que identifica a cada uno”.

Así como las ‘pintas’ de su cara, el nombre también salió de repente. “Bueno, ya estaba pintado y pregunté, ¿cómo es que me voy a llamar?”.

‘¿Qué es lo que tiene en la cabeza?’, le dijeron. “Pues un tongorito, contesté, porque en ese entonces se le decía así a los sombreros. Pues ese será su nombre de ahora en adelante, me dijeron”.

Desde entonces, el nombrecito sonó tanto, que hoy ya casi nadie sabe que ese hombre que hasta el año pasado veían en las calles montado sobre un triciclo de casi tres metros de altura, haciendo publicidad, en realidad se llama Pedro Zambrano.

Ahora ese triciclo está arrumado en el antejardín de su casa. El médico le prohibió montarlo luego de un accidente de tránsito que tuvo el año pasado, “es que ya no está para esos trotes”, dice su esposa Lidia Mery, la misma que en su juventud se escapó de su casa en Bogotá para ir a recorrer el país detrás de ese sueño circense.

“La conocí en Bogotá, ella iba a las funciones del circo”, recuerda ‘Tongorito’. Toribio, el burro que durante 16 años lo acompañó, fue el ‘celestino’ de esa relación.

“Había un punto donde yo le preguntaba al burro quién se había ‘colado’ en la función. El burro la señaló a ella y desde ahí empezó todo”, dice entre risas… Quedó flechado.

A punta de…

Pero la caída de su triciclo no ha sido el único porrazo de Pedro en ese mundo de la nariz roja, “aprendí a ser payaso a los ‘porrazos’, cuando en las noches, aprovechando que la función terminaba en el circo en el que vendía caramelos, y que todos dormían; me levantaba y me subía a hacer equilibrio, el circo siempre me ha gustado desde chino (…) se aprende a ser payaso, pero hay que tener la chispa desde siempre”… Y es que hacer reír, no es un chiste.

Esta vida entre carpas, brillos y humor le ha regalado alegrías y tristezas, pero siempre ha sabido hacer reír aunque tenga el alma herida… Aprendió a sacarle risa al llanto.

“Recuerdo hace comoooo… ¿Cómo cuanto ‘mija’?”, le pregunta a su esposa, “hace 42 años ‘mijo”, le responde ella, para recordarle la muerte de ‘Mompox’, uno de sus hijos.

“Recuerdo que esa vez, en un lado estábamos velando al niño y yo en la pista haciendo reír. ‘Pedro ¿pero cómo vamos a trabajar? Está muerto el niño’, me decían. Les dije sí, él está muerto, pero me escucha. La función siguió”, como lo hizo hace poco más de tres años, cuando un accidente acabó con la vida de Jhonson o ‘Regalito’, otro de sus ‘Tongorines’.

Los Zambrano son toda una dinastía de payasos… Desde Pedro hasta sus bisnietos han seguido con la tradición de hacer reír. Juntos forman el grupo ‘Tongorito y sus Tongorines’.

Pese a los achaques propios de su edad y a que la memoria lo traiciona a ratos haciéndole olvidar sus ‘libretos’, Pedro será ‘Tongorito’ hasta el último día de su vida, lo suyo es regalar sonrisas sin límite… Quedarán sus ‘Tongorines’ porque, a pesar de todo, la función debe continuar.

 

Fuente: Vanguardia Liberal

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