¿Qué tan ambulantes son los vendedores informales de Bucaramanga? Destacado

(Foto: Archivo / Vanguardia Liberal) (Foto: Archivo / Vanguardia Liberal)

Cada vez son más. El gobierno local habla de un problema social, pero otros afirman que detrás hay mafias organizadas.

Los ciudadanos les compran, pero se quejan porque invaden el espacio. Ellos dicen que solo quieren trabajar. Así es el panorama de los ambulantes.

En una ciudad como Bucaramanga, en donde la tasa de informalidad en el primer trimestre del año fue del 47,3% según el Dane, es decir en donde casi la mitad de su población económicamente activa trabaja sin tener seguridad social o pagar impuestos, es común ver en las calles más transitadas a cientos de vendedores ambulantes, ofreciendo todo tipo de productos.

Tratando de entender la dinámica de los ambulantes en la ciudad, me fui a buscar empleo como vendedora informal. Mi primera parada, la calle 34 con carrera 18, en donde frente a locales comerciales de ropa, principalmente, se ubican pequeños mostradores ambulantes con vestidos, zapatos o joyas. Ante mi pregunta para saber de qué manera podría tener mi puesto de venta en la calle, lo primero que me sugirieron fue mejor buscar trabajo dentro de uno de los almacenes.

“No china, eso usted no se arriesgue. Usted es joven y bonita, mejor vaya allá donde el turco, ese le da trabajo y no se expone a que la estén persiguiendo”.

¿Pero gano tan bien como en la calle?

“Bueno eso si quizás no. Ahí le darán el mínimo. Pero mami, eso acá le toca matarse mucho. Además que  a veces a los dueños de los locales les da por joder y nos corren o mire toda esa competencia. Acá afuera la cosa está dura”.

Y es que, de acuerdo con varios vendedores con los que hablé, quienes consiguen su mercancía en las bodegas conocidas como Los Paisas, que encierran en realidad muchos más locales comerciales, la  relación con los demás establecimientos es de complicidad absoluta. Están quienes les compran a los dueños de estos locales la misma mercancía para venderla a escasos metros de sus negocios. Pero también quienes teniendo su establecimiento invaden el espacio público para ubicar productos hasta el andén.

Tanto para el concejal René Garzón que recientemente denunció una presunta red de trata de personas en la ciudad, que estaría trayendo ciudadanos de otras partes del país para trabajar en la ciudad como vendedores informales, como para el inspector del Espacio Público de la ciudad, Héctor Rueda Suárez, el escenario que rodea a los vendedores ambulantes es más amplio y peligroso del que se ve a simple vista como una invasión de espacio público.

“El hecho de que se dé un clima propicio para la informalidad en la ciudad es lo que reactiva todas las mafias que surgen alrededor de ellas, no solo la trata de personas… Y está la más grande y real, que es la que domina todo el tema de contrabando, que utiliza a las personas con estas necesidades económicas…”, afirma el Concejal Garzón, quien fue secretario del Interior de la administración de Luis Francisco Bohórquez.

“Desde el 14 de enero de 2013 iniciamos una recuperación del espacio público con bastante fruto, en donde recuperamos 11.400 metros cuadrados destinados para la ciudadanía; recuperamos el Centro, Cabecera y Ciudadela Real de Minas. Se bajaron los índices de delincuencia a raíz de esto, ya que teníamos hurtos, microtráfico y prostitución… lamentablemente a partir del 21 de octubre de 2015, se bajaron los operativos de recuperación del espacio y solo hasta esta fecha se están dando inicio…”, aclara el Inspector municipal de espacio público.

Al respecto, el mayor Pedro Andrés Isaza, comandante de la Policía Fiscal y Aduanera de la Dian en Santander, Polfa, indica que al 3 de  mayo habían incautado tres mil millones de pesos en mercancías de contrabando de toda índole. Pero fue enfático en afirmar que había notado una reducción en la mercancía que entraba ilegalmente al departamento, según él, por el aumento del dólar y el cierre de la frontera con Venezuela.

“Cuando vamos a hacer visita de carácter aduanero a establecimientos abiertos al público, hemos encontrado que si el año pasado a un almacén le encontramos que el 80% a 90% de su mercancía era extranjera, ya eso ha cambiado. Ahora un 70% es nacional y el restante es de la que no se produce en el país. Esa dinámica ha beneficiado a la economía nacional y las ventas ambulantes también han migrado a eso”, indica el Mayor de la Polfa.

No obstante, para el funcionario judicial, el mayor problema con los vendedores que ocupan el espacio público radica en que dejan de pagarle al municipio los impuestos.

Bajando la 34

Seguí bajando por la calle 34, esta vez hacia la plaza Central. Intentar caminar por la carrera 16 con dirección a la Quebradaseca, no solo es casi imposible por el escaso espacio que dejan los vendedores informales y los carros, sino muy peligroso. En este lugar confluyen prostitutas, indigentes, drogadictos y expendedores de drogas. Además de un nauseabundo olor. Esta vez quería saber quién me podría alquilar una zorra (vehículo de tracción humana); vender la fruta o verdura y dónde me podría ubicar. Intercambié palabras con varios vendedores: en su mayoría compran la fruta directamente a los comerciantes de la plaza, quienes venden el canasto o bulto, dependiendo del producto, a un valor hasta tres veces menor al que se vende en la calle.

“El espacio, ¿cómo así que cuánto vale? Si acá lo bueno es que no se paga por el espacio. Se lucha, eso sí. La envidia es arrecha y tampoco se puede dejar meter a todo el mundo. Pero tranquila, vaya al local de mi hermano que tiene en la plaza, él le deja la fruta bien barata y busque a Tircia, ella le alquila o vende la zorra”. -Pero si su hermano ya tiene local en la plaza, ¿usted por qué vende acá en la calle? -“Ah es que nosotros nos turnamos. Porque acá se vende muy bien y deja más ganancia que la plaza”.

Me fui buscando por todo el sector a Tircia. Mala suerte, ese día no estaba, aunque todos la conocían y yo también, pero no sabía que se trataba de ella. Esta mujer, de más de 40 años de edad supongo, tiene su zorra de fruta en la esquina de la calle 34 con carrera 15, en donde también se parquean las motos que ofrecen servicio de transporte ‘pirata’.

Lo más cercano que llegué a Tircia ese día fue a su hija, que también vende fruta en una ‘zorra’, pero nunca me quiso dar el valor exacto del alquiler del vehículo. Es por esto que decidí seguirla, a un parqueadero ubicado en la calle 33 con carrera 14, que es un viejo y gigante edificio en el que hay venta de pescado y en el fondo, en unas bodegas oscuras y sucias, guardan al aparecer las ‘zorras’, pues en el lugar pude ver algunas abandonadas. Otros vendedores aseguraron que en este parqueadero sí las guardaban y me expresaron que comprar una está entre 300 y 350 mil pesos, por lo que prefieren adaptar un viejo coche de bebé, colocándole una tabla encima, que solo les vale $60 mil y es más fácil de movilizar cuando de huir de la autoridad se trata.

La lucha por el espacio

Para el concejal Garzón y el inspector Rueda, que han trabajado el tema desde la administración pasada, los fracasos en tema de reubicación de las personas con ventas ambulantes está en la falta de acompañamiento que se hizo en su momento al entregarles espacios como Feghali o San Bazar. “El fracaso de Feghali o San Bazar no es que esos espacios no funcionen, sino que se los entregaron a los mismos vendedores para que ellos los administraran. Y una persona que no tiene la concepción de lo que es la comercialización de un espacio de ese tipo, pues no es capaz…”, explica el Concejal.

“Estamos evaluando las estrategias, porque los dos centro comerciales tienen algunos asuntos jurídicos por esclarecer y dependiendo de lo que salga tendremos estrategias a seguir… Sobre la plaza San Mateo, es un bello edificio que requiere algunas adecuaciones y que seguramente será utilizada por esta administración,  pero que no se hará exclusivamente para ventas informales porque tiene todo el potencial para prestar múltiples servicios…”, explica Julián Silva, director de Espacio Público de Bucaramanga.

Por el momento, aclara Silva, seguirán los operativos de control por parte de la Policía, eso sí, agrega, sin excederse en el uso de la fuerza o violar los derechos de los vendedores informales.

“Los vendedores informales venden mercancía que no entró de manera legal, usan transporte informal y muchos viven en barrios o asentamientos precarios en la periferia de la ciudad. Es decir, el circuito de la informalidad es completo… más que perseguir al informal lo que intentamos es entender el ciclo de la informalidad, esos circuitos, las necesidades de quienes están dedicados a esto y cómo los podemos ayudar…”, concluye el funcionario.

Finalmente, una esquiva pero amable mujer de la tercera edad accedió a llevarme a donde ella compraba su mercancía, ropa interior y medias principalmente, que tiraba en el piso de la carrera 15 dentro de una bolsa.

Necesitaba mínimo $200 mil de plante para iniciar mi negocio informal y agallas para aguantar el sol, la lluvia, el polvo de los carros, la competencia y de vez en cuando, muy de vez en cuando, la Policía que se asomaba a correrlos.

Políticas públicas

Actualmente la Alcaldía  de Bucaramanga trabaja con el Instituto Municipal de Empleo y Fomento Empresarial, Imebú; la Red de Observatorios Regionales del Mercado de Trabajo (Red Ormet) y el Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (Dadep), en el proyecto, “Caracterización de los informales que ocupan el espacio público en zonas criticas de Bucaramanga”, que busca conocer cuál es el estado del espacio público actual de la ciudad y quienes hacen parte del mismo con el fin de generar un instrumento que le permita al municipio crear el Plan Maestro de Espacio Público, que aunque antes se ha pensado, jamás se ha hecho.  

“Nos interesa la apropiación no regulada del espacio público, porque creemos que la ocupación del espacio público se puede regular y no tenemos una visión de un espacio público vacío, sino una apuesta de calles compartidas… para eso necesitamos saber qué es lo que hay hoy…”, explica Julián Gómez, asesor del Dadep.

“Se quiere desestigmatizar esta actividad al decir que hay mafias y que esta gente se amañó y que no quiere salir de ahí… eso nos ha llegado a hacer pensar que nos hace falta comprender el fenómeno en realidad  y no meter a todos en el mismo grupo…”, cuenta Ana Carolina Amaya, líder de investigaciones del observatorio del Imebú.

La investigación ha identificado 15 zonas en la ciudad que son ocupadas por 1.582 vendedores ambulantes, de los que el 53% son hombres. Así mismo, han encontrado inicialmente que lo que más se venden son alimentos crudos, cocinados y empaquetados y el espacio que más se ocupa es el suelo. Tras estos hallazgos y a medida que avance el proyecto, la Alcaldía estará trabajando en mesas en la que participan diversas entidades gubernamentales y no gubernamentales, para crear estrategias que puedan dar soluciones al problema en que se ha convertido la lucha por el sustento con la lucha por el espacio.

 

Fuente: Vanguardia Liberal

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