El nuevo reto de Piroberta Destacado

(Foto: Cristian Garavito) (Foto: Cristian Garavito)

Este característico personaje fue una excusa de Julián para participar en “Sábados Felices”. Ahora, como uno de los humoristas más reconocidos del país, protagoniza el “Coco”, la última película de Dago García.

Julián Madrid lleva 16 años haciendo humor

¿Recuerda alguno de los chistes que contaba de niño?

Sí, claro. Recuerdo que el primer chiste que conté cuando tenía cuatro años era un señor que estaba en el baño y le decía a otro: “Ya va a salir”, y le contestaba: “Sí, ya está saliendo”. Y el primero que conté cuando llegué a “Sábados Felices” fue Piroberta diciéndole al médico: “Doctor, tengo piojos. Con decirle que yo me acuesto y me corren en la almohada, no sé qué hacer”, y el doctor le contestó: “Écheles aguardiente”, y respondió: “¿Qué tal? No me los aguanto en sano juicio, cómo serán borrachos”.

¿Por qué estudió arquitectura?

Estuve en un colegio industrial, me especialicé en construcciones civiles y siempre me gustó el diseño. En un principio pensé en ingeniería civil, pero luego, cuando me di cuenta de cuál era la diferencia, opté por la arquitectura, y cuando estaba como en sexto semestre audicioné para Sábado Felices, me presenté, pasé y tuve la oportunidad de ser participante. Las dos cosas las hice a la par, hasta que me gradué en 2001.

¿Qué le dijeron sus padres?

Como todo padre quiso que ejerciera lo que estudié, después de haber hecho una inversión bastante grande, pero le dije que prefería contar chistes, entonces me consiguió trabajo con un ingeniero, pero lo que me ganaba mensual, me lo ganaba en un show y aunque lo intenté convencer, me decía que eso no me iba a durar toda la vida, pero gracias a Dios le heredé la vena artística a mi papá y la vena várice a mi mamá.

¿Cuándo su papá aceptó que el humor es su profesión?

Aceptó cuando se dio cuenta de que el humor en Colombia es rentable, que se puede vivir de esto. Siempre agradezco a Dios por eso, porque puedo hacer lo que me gusta y no lo que me toca, aunque no desconozco que la arquitectura es una pasión, pero creo que me movió más el humor.

A parte de lo que identifica a Piroberta, ¿hay algo que no puede faltar cuando la interpreta?

Mi característica principal es tomar una profesión. Piroberta ha sido médico, bombero, futbolista, árbitro, astronauta, vendedor de café y todo esto me permite jugar con comentarios y preparar la rutina. La única profesión que no he hecho y no me atrevo es la de estilista, porque en el país el estigma es que el homosexual tiene que ser peluquero, y en realidad conozco a muchos otros que hacen cosas totalmente distintas, por eso trato de jugar sin burlarme ni ridiculizar en algún momento, siempre tratando con mucho respeto, de sacar sonrisas.

¿Piroberta tiene hermanos o familia?

No, siempre hablo de mi papá, pero es más que todo un espejo de lo que es en realidad Julián. Lo tomo como modelo para darle vida a Piroberta, y de ese modo ella tiene mi mismo núcleo familiar, pero al fin de cuenta es única.

¿De dónde salió el “ay, me cansé”?

No fue planeado, fue algo que me pasó en una grabación. Antes, al salir al escenario, bailaba, pero una vez la persona encargada del sonido cambió y cuando salí no paraban la música, y como venía del Valle, por la altura de Bogotá me ahogué y lo único que se me ocurrió decir fue “Ay, me cansé”. La gente estalló en risas y me sorprendí porque era algo que en verdad estaba sintiendo. A la siguiente lo hice adrede, funcionó y se convirtió en mi grito de batalla, para entrar al escenario.

¿Ha intentado hacer humor sin ser Piroberta?

Soy completamente distinto a Piroberta, ella es extrovertida y yo no. Con el personaje soy capaz de hacer cualquier cosa, de pararme como sea. Para mí, Julián, no es fácil entablar una conversación o exponer sobre un tema.

¿Qué le dicen sus hijos?

Ellos están pequeños. Julián tiene tres años y los dos gemelos, dos meses, pero creo que hasta el momento ellos no han dimensionado lo que hago. El mayor ya sabe diferenciar cuando es el papá y cuando es Piroberta, pero hasta el momento no me ha juzgado o señalado sobre eso. Hasta el momento él no lo ve mal.

¿Cómo reacciona la gente al darse cuenta que usted no es gay?

La mayoría del tiempo cuando, me saludan, me dicen “usted tiene voz gruesa” y yo siempre molesto, pero muchos creen que soy gay y pienso que puede ser por dos cosas, o porque estoy haciendo tan bien el personaje que la gente se lo cree, o porque la cara me está ayudando.

Ahora protagoniza la película el “Coco”. ¿Fue difícil actuar para cine?

Hubo una gran ventaja que en Sábados Felices hagamos parodias, porque nos acostumbramos al lenguaje y a llevar un guion, pero el cine es distinto y, en este caso, en El Coco, trabajamos con una sola cámara y tuvimos que repetir las escenas muchas veces desde muchos planos, entonces cada actuación debía ser con la misma intención y emoción.

¿Qué fue lo más emotivo de ser el personaje principal?

Fue escalar un gran peldaño de una larga carrera como lo es el humor. Creo que faltan muchas por hacer, pero hacer cine es dar un paso más. A mí me llamó Dago García, y sin pensarlo acepté participar en la película. No sabía cuál era el hilo conductor de la historia y cuando me llegó el guion me di cuenta de que la historia se centraba en mí. Fue muy gratificante y algo chévere, y definitivamente la experiencia fue única.

¿Prepara otra película?

A partir de esta experiencia, otras personas que habían visto algo sobre El Coco me llamaron para protagonizar Operación Piroberta. Ya empezamos con el rodaje, pero paramos por mis compromisos, pero retomaremos lo que falta del 29 de octubre al 10 de noviembre. Esta película trata de una moto que la abuela de Piroberta le regala de cumpleaños y con la que ella considera va a cumplir el sueño americano, pero con tan mala suerte que en un descuido se le llevan la moto. A partir de ahí comienza su lucha para poder recuperarla. Al final queda la incógnita de si puede cumplir su sueño.

 

Fuente: EL ESPECTADOR

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