"Ojo al paramilitarismo"

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Este ya es un proceso de paz que, con sus atajos, no tiene marcha atrás.

Aun cuando se conocían denuncias de muchos líderes como la combativa Aída Avella, víctima sobreviviente de un atentado paramilitar hace varios años en pleno exterminio de su partido –Unión Patriótica–, son muy preocupantes las informaciones de fin de semana sobre recrudecimiento de formas de violencia que creíamos superadas, y en pleno proceso de paz con las Farc.

Este diario informó que “más de 100 líderes sociales (fueron) asesinados en el último año”. Y Semana, bajo el significativo título ‘¿Vuelve la mano negra?’, dijo: “En lo corrido del 2016, en Colombia han asesinado al menos a 12 líderes de izquierda y defensores de derechos humanos pertenecientes a Marcha Patriótica, el Partido Comunista, la Unión Patriótica y organizaciones campesinas”.

Ante esas revelaciones, no me parece tan grave para el proceso de paz que no se hayan firmado los acuerdos finales el esperado 23 de marzo. Como en todo proceso semejante, en este se presentan altibajos, naturales y comprensibles. Tal vez el Gobierno se equivocó alentando demasiadas expectativas alrededor de la citada fecha e incluso cuando, yendo más allá, sugirió que si no se firmaba el pacto final, al menos se lograría el cese bilateral del fuego.

Hay que decir, empero, que el llamado cese unilateral, según las cifras conocidas, ha significado una práctica disminución de los ataques guerrilleros y un descenso considerable en homicidios y secuestros.

Los temas pendientes –y ahí pudo estar el error de cálculo gubernamental– son verdaderamente “gordos”: integración del tribunal que investigará y juzgará los delitos cometidos por causa o con ocasión del conflicto; reglas para la desmovilización, y si en ella se incluye la concentración de los subversivos en determinados sitios; dejación definitiva de las armas y modo de refrendar e implementar los acuerdos.

Menudos problemas, que requieren mucha paciencia y filigrana jurídica y política. De lo que sí podemos estar seguros los colombianos es de que este ya es un proceso que, con sus atajos, no tiene marcha atrás y que curiosamente ha recibido más apoyo en el exterior que en el interior del país, según las encuestas.

Pero cuanto sí lo haría estallar en pedazos es que resurgiera el paramilitarismo, con el nombre que fuere, para dedicarse a asesinar, como se denuncia, dirigentes sociales, reclamantes de tierras y líderes de izquierda democrática. Tan explosiva bomba no la resistiría el proceso en marcha.

Lamentablemente eso ha sido constante en nuestra historia. Desde el asesinato de Guadalupe Salcedo y otros antiguos guerrilleros que habían entregado las armas al gobierno de Rojas Pinilla, pasando por lo que ocurrió con los insurgentes desmovilizados durante el Frente Nacional, y que culminó en el mayor acto criminal y de estupidez política del establecimiento (sectores de derecha enemigos del proceso de paz con Betancur, y miembros descarriados de la Fuerza Pública) con el asesinato de más de 3.000 dirigentes de la Unión Patriótica, incluidos todos sus parlamentarios y la mayoría de diputados, alcaldes y concejales.

Conocí a Luciano Marín (alias Iván Márquez) como representante a la Cámara en 1986. Cuando comenzaron a asesinar a Leonardo Posada, Pedro Nel Jiménez y demás parlamentarios, se volvió al monte.

Más allá del tema del conflicto, deben rescatarse el monopolio del uso de las armas por el Estado y la vigencia plena del Estado de derecho, basado en el respeto a la vida como derecho fundamental, porque sobre ello no puede haber tolerancia de ninguna clase. Como tampoco ante el supuesto ‘plan pistola’ del ‘clan Úsuga’ contra nuestra Policía Nacional, cuando, al estilo de Pablo Escobar, se pone precio a la vida de sus integrantes.

Por fortuna, el presidente Santos cuenta con las Fuerzas Armadas sólidamente unidas alrededor del proceso de paz, y el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, ha dicho que se utilizará toda la Fuerza Pública para evitar la repetición de estas atrocidades. 

 

Por: Alfonso Gómez Méndez

 

Fuente: http://www.eltiempo.com/

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