Millos tocó fondo: goleado y eliminado Destacado

(Foto: Iván Valencia / CEET) (Foto: Iván Valencia / CEET)

Tolima le ganó 0-3 en Bogotá y lo sacó de la Copa Colombia, en octavos de final.

¿Cómo disimular ahora la crisis? ¿Cómo negar el drama? ¿Con qué excusa? ¿Con qué argumentos? este jueves, Millonarios se encargó de ratificar que su presente sí es crítico. Hizo todo para que quedara en evidencia, para que no hubiera duda: goleado por Tolima 0-3; eliminado de la Copa Colombia en octavos de final (empataron 0-0 en la ida) y, una vez más, con un juego plano, errático, sin fútbol, y como sin corazón.

El 0-3 es un resultado escandaloso. No tiene forma de defensa. Lo más sensato es decir que Millonarios jugó como entregado, como sin fuerzas, como resignado. El marcador es tan amplio, que parece innecesario decir que el equipo, al menos en el primer tiempo, lo intentó. Porque lo hizo, y por diferentes vías, en medio de sus confusiones. Pasa que careció, una vez más, de precisión, y eso no puede ser una excusa, es un mal síntoma. 

La afición no se consuela hoy con la lista de aproximaciones fallidas. Ya de nada le sirve recordar con ira que en la primera parte patearon al arco Estrada, Carlos Henao, Asprilla... De nada sirve ya, al menos para Millos, recordar que el portero Joel Silva estuvo atento y seguro, y evitó varias veces el gol embajador.

Claro, si Millonarios por ahí concreta una de las oportunidades que tuvo en la primera parte, quizá no hubiera tenido esa pesadilla que finalmente tuvo. Tolima se encargó, y muy rápido, de que la noche de Millonarios fuera amarga.

En su primera aproximación le anotó. Iban 19 minutos. La jugada nació en un saque de banda sobre occidental. Por allí partió a correr Jáder Obrian, con picardía, con velocidad, con libertad. Entró al área como un invitado de honor: la defensa de Millos le abrió campo, lo vio correr. Pedro Franco, que llegó al cierre, lo hizo tarde, y con desesperante timidez. Obrian tuvo tiempo para meter el freno, levantar la cara, asistir a Santiago Montoya, quien entró al área y no desaprovechó: 1-0. 

Le quedaba más drama, mucho más, a Millonarios. En el cuarto minuto de reposición, justo antes del descanso, hubo un tiro libre para Tolima. Avimiled Rivas pateó directo a la barrera, con la fortuna –y la desgracia para Millos– de que la pelota pegó en Estrada y se desvió, desacomodando a Vikonis, quien no alcanzó a reaccionar. Fue el segundo. Y un frío helado debió recorrer las tribunas, semivacías, del estadio El Campín. Así se fueron al descanso.

Si alguien, algún optimista, se ilusionó con un segundo tiempo heroico, en el que los jugadores sacaran el famoso amor propio y corrieran más y metieran más y llegaran más y definieran alguna, pues fue una ilusión efímera, falsa. Millonarios nunca reaccionó. Es más, dejó de crear las opciones que no definía. Ni la entrada de ‘Manga’ Escobar , Maxi Núñez y Ayron del Valle sirvieron para algo. La fórmula siguió siendo la misma, esperar un tiro libre salvador de Carlos Henao, que tampoco se les dio. 

Y mientras tanto, atrás el equipo sufrió, padeció cada ataque tolimense que varias veces le perdonó el tercero. Hasta que Ángelo Rodríguez recibió el balón de espaldas al arco y, marcado –¿marcado?– por Lewis Ochoa, se giró y pateó: 0-3. Tolima clasificó a cuartos de final con justicia.

Fue un resultado alarmante, pero no injusto. No hay forma de tapar ahora este traspié. No hay disculpa que valga. La ira de la afición, sus chiflidos, sus ‘oles’ contra sus jugadores reflejan que la paciencia se agotó y que Millonarios tocó fondo.

 

Fuente: El Tiempo

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