La ONU simulará una sesión en Bogotá

(Foto: ONU) (Foto: ONU)

Dos mil estudiantes de la capital podrán aprender cómo funciona el sistema de las Naciones Unidas.

Bogotá será, a fines de este año, el epicentro del ejercicio escolar de simulación de la ONU (Simonu) más grande del continente. Dos mil estudiantes de 175 colegios públicos y privados de la capital podrán aprender cómo funciona el sistema de las Naciones Unidas.

No solo se enfrentarán a los conceptos de manejo de poder y resolución de conflictos, también al hecho de que pese a la diferencia de edades y condición social, la opinión de todos vale.

La primera simulación se llevó a cabo hace 50 años en la Universidad de Harvard, se ha replicado en todo el mundo y tuvieron que pasar dos décadas para que llegara a los colegios de Colombia. El Nueva Granada, uno de los colegios de élite de la ciudad, fue el primero que se lanzó con un modelo exclusivo en inglés y por el cual los estudiantes debían pagar si querían participar.

Poco a poco, más colegios privados de ambos calendarios y universidades, también privadas, se fueron uniendo. El último lustro la situación cambió y ahora también se invita a las instituciones distritales.

Hoy el evento está tan democratizado, que a los estudiantes, en el caso de Colombia, no se les exige un código de vestimenta ni pago de inscripción.

Además, para que sepan a qué se enfrentan, la oficina de la ONU para Colombia capacita a educadores y alumnos en un colegio sede por localidad.

Este año la temática principal será la educación para la paz. EL TIEMPO habló con Helene Irit Papper, directora del Centro de Información de las Naciones Unidas para Colombia Ecuador y Venezuela (CINU), sobre los desafíos del evento y la importancia que tiene integrar a los jóvenes; el objetivo no es la participación en política, más bien que entiendan que a la voz y la participación de todos cuenta a la hora de resolver conflictos.

¿Cómo preparan a los estudiantes y profesores para la simulación?

Los participantes no llegan a Simonu sin tener conocimiento de lo que pasa en el mundo. Por el contrario, los estudiantes adquieren toda una habilidad investigativa al averiguar las posturas de los países en muchos frentes. Con los profesores hacemos talleres que van por localidades, y en algunos casos elegimos un colegio sede por cada una de ellas para capacitarlos en habilidades ciudadanas e información de las Naciones Unidas.

En cuanto a la elección, los colegios son seleccionados cuando tenemos una base de datos de los inscritos. Luego, hacemos un sorteo (que este año será en agosto) con urnas para que cada institución escoja el país que representará y la comisión.

Este año integraron a este ejercicio a colegios públicos…

Sí, esta inclusión determina el éxito de Simonu. Al final, que vengan de colegios ricos o pobres no importa porque los niños son todos iguales. Frente a temas globales (o a veces locales) puede que tengan posturas diferentes, pero en este ejercicio deben trabajar juntos, y así encontrar soluciones por medio de sus experiencias.

¿De qué cursos son los participantes?

Intentamos que la proporción entre los colegios públicos y los privados fuera de 50/50. En cuanto a los participantes, inicialmente habíamos planteado que solo llegara la media vocacional (décimo y once grado), pero teniendo en cuenta que salían muy rápido y se llevaban las experiencias, les dimos la oportunidad a los chicos desde sexto grado.

¿Cómo van a hacer para evitar la desigualdad frente a la calidad de las posturas?

Esa era una de las grandes preocupaciones que teníamos, pero no les pusimos ninguna barrera y nos dimos cuenta de que si están bien informados, los niños de 11 años pueden debatir al mismo nivel que uno de 15. Yo misma viví el modelo de las Naciones Unidas en Francia cuando tenía 12 años, y sentí que cuando se trabaja con los mayores, el respeto es el mismo.

¿Cómo quieren integrar a los estudiantes con la educación para la paz?

Es un trabajo que se hace de manera consultiva con los colegios y la Secretaría de Educación, con el fin de adelantar toda una pedagogía de la paz. Creo que esta oportunidad de poder acceder al modelo de las Naciones Unidas los pone a pensar sobre la importancia que tienen dentro del proceso de paz. Les queremos hacer ver que esto no es algo político que está lejos de sus realidades.

La diversidad de estudiantes refleja lo que de una u otra manera se vive a diario en la ONU…

Así es. La ONU termina siendo un grupo de países que vienen de todos lados y condiciones sociales y aun así tienen que conciliar. Lo mismo pasará en Bogotá. Los jóvenes tendrán que mezclarse y entender que tienen los mismos derechos y deben debatir para encontrar soluciones. Por ejemplo, hace dos años tuvimos un caso en el que el estudiante tenía antepasados de Palestina, y preciso le tocó defender a Israel. Por un momento lo hicimos ponerse en los zapatos del otro y encontrar las mejores soluciones para problemas específicos.

Este también es un ejercicio de poder. ¿Pretenden incentivarlos a que ingresen a temas más políticos?

No es la razón en particular, no los estamos capacitando para que hagan parte del sistema político. Sabemos que habrá estudiantes a los que les va a gustar mucho y van a querer involucrarse más. Sin embargo, la importancia de la experiencia de Simonu es que tengan fe en sí mismos y en sus opiniones.

 

Fuente: El Tiempo. 

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